Bajo un cielo cusqueño que no impidió la movilización, cientos de ciudadanos se congregaron en la Plaza Mayor para llevar a cabo la «Moteada», una jornada de resistencia simbólica y orgullo cultural. La actividad, organizada como respuesta directa a los comentarios ofensivos vertidos por un streamer conocido como «Cristorata», transformó la indignación en una demostración de identidad colectiva.
Diana Rivas, antropóloga cusqueña y una de las impulsoras de la iniciativa, destacó que la masiva participación ciudadana, incluso bajo la lluvia, es una señal clara de que Cusco no tolerará actos que denigren su esencia. «Esta actividad es nuestra respuesta: comemos mote con orgullo y ocupamos nuestros espacios públicos con dignidad», señaló durante la jornada.



