NUEVO ESCUDO DEL ARZOBISPADO DEL CUSCO GENERA CONTROVERSIA POR FALTA DE SÍMBOLOS LOCALES

Monseñor Lizardo Estrada Herrera asumió oficialmente el liderazgo de la Arquidiócesis Metropolitana del Cusco tras el deceso del anterior obispo titular, situando al agustino al frente de la dirección de la Iglesia cusqueña a puertas de la llegada del papa León XIV. Sin embargo, el inicio de este relevo institucional ha quedado marcado por las reacciones adversas ante la presentación de la nueva identidad visual que representará a la sede eclesiástica.

El inicio de esta gestión consolida una posición clave en el sur de Perú, dado que el flamante arzobispo ejerce simultáneamente como secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM). El respaldo institucional subraya la relevancia de su perfil académico y pastoral en la región andina de cara a las próximas asambleas continentales, no obstante, la atención pública local se ha trasladado hacia el descontento social que ha provocado el diseño de su estandarte oficial.

Feligreses de la región advierten que el diseño del blasón carece de elementos propios de la identidad histórica, artística o cultural del Cusco, los cuestionamientos se centran en que la composición visual prioriza casi en su totalidad el arraigo geográfico personal del monseñor, restando representatividad a la milenaria e histórica sede metropolitana que le toca guiar a partir de la fecha.

La controversia se agudiza al analizar la enmanteladura siniestra, donde presentan a la imagen mariana como un tributo a «La Linda» de la Catedral del Cusco, aunque en la práctica parece responder más a los intereses de Cotabambas, pues la inclusión marianista responde al hecho de que dicha provincia apurimeña la tiene como patrona y perteneció a la jurisdicción cusqueña hasta 1958.

El Arzobispado defiende que la heráldica expresa legítimamente la trayectoria del pastor; no obstante, el malestar persiste entre los cusqueños, quienes recuerdan la profunda identidad regional del escudo anterior, el cual sí incluía el q’ero o vaso ceremonial incaico y el lema oficial escrito en quechua.

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